— ¿Quien dijo que el perro es el mejor amigo del hombre? Quizás sea el mejor amigo de su amo, pero yo le aseguro a usted que ese perro sato de mi vecina, me odia tanto como ella, le dije.

—Perro que ladra no muerde, me advirtió.

—Creo que ese sato esta endemoniado, el muy sinvergüenza sabe exactamente cuando me acuesto a dormir, inmediatamente comienza a ladrar y ladra constantemente toda la noche.

—Esta mañana cuando regresaba de mi caminata diaria, sale el muy condenado y se me enfrenta gruñendo. Tomé el palo que tenía en mis manos y le mostré al sabueso ese, quien tenía las de perder, le deje saber que si me agredía le iba a dar de a pan y masa.  Luego escuché a su dueña buena parte de la mañana llamándolo pero no vino a su encuentro.

—Bueno, si las miradas mataran, entonces debe estar tirado por ahí en algún zaguán, pensé decirle, pero me lo callé.

Miedo en camaEsa noche, por primera vez en un mes, dormía feliz hasta que comenzó el aullido.  Entonces me arropé de pies a cabeza temblando bajo la sabana y elevando una plegaria.

©María del C. Guzmán