En homenaje póstumo a nuestro compañero Walton Serrano reproducimos, con el mayor respeto a su memoria, uno de los escritos que nos enviara Walton en enero de 2008. Se trata de un mensaje publicado en abril de 2006 en el foro Hijos de Salinas. Seleccionamos este escrito porque en esta hora de su partida física transmite en su estilo peculiar el sentimiento de amistad y afecto con el que él nos diría un HASTA LUEGO. Ahora, cuando su espíritu disfruta de la inmensidad del universo, sus palabras nos revelan que el reencuentro vibra como la más hermosa posibilidad.
srs
Hasta luego
Bueno hace algún tiempo que no me comunico, y ésta es para decirles
hasta luego a los Salinenses de por acá. Así que Solom– Shalom- Goodby– Aribederci, Chao.
Cualquier cosa me buscan en la plaza del Mercado, la Playa , Boquerón, Caja e Muerto, El caño e Matiás, El Coquí, El Yunque, Guavate, Pozuelo, San Juan, Ponce, San Germán, Bayamón, Arecibo, Barranquitas, Fajardo, Rincón, Jayuya, Arecibo, San Felipe, Joyudas, Humacao, Yabucoa, Guayama, Loiza Aldea, Luquillo, Aguirre.
No va hacer difícil seguirme el rastro, si no me consiguen le preguntan a la comay. Los rastros son: pescao frito, pasteles en hojas, cascaras de guayabas, de mango, quenepas, cascos de jueyes, servilletas con manchas de empanadillas de langostas, jobos, guanábanas a medio comer, bacalaítos fritos, alcapurrias, tostones de panas, malanga y yautía, pan sobao y de agua, limber de tamarindos, Salcocho humeante, mixtas de arroz habichuelas y carne guisa, cabrito en fricase, arroz con pollo, pedacitos de cueritos de lechón asado, caldo e pecao con funche, y un poco piquito con guineítos verdes, como el que hacia Judit, un aguacate como un melón y después ya tu sabes “que le pongan salsa”.
Así que muchachos ahí os dejo que me voy para la guerra. Por los olores me encontrareis. Pero eso sí que no se entere el enemigo porque juran que no hay cuisine como la de ellos. Yo seguiré con mi dieta jíbara, y sí perdiese la vida en ésta guerra, que me entierren con todos los honores que merece un combatiente culinario, mi bandera, mi cascara de plátano verde pa no negar la mancha. Pal viaje que me echen una docena de pasteles en hojas de esos que hace la comay Irma. Un poco mojo isleño, pa identificarme del pueblo que soy, medio galón de pitorro curao, pa pasar los escalofríos.
Así que compañeros voy pa allá……Jan jan catu…
Que Dios, les brinde mucha salud, alegría, y sobre todo PAZ…
Los quiere mucho….Waltón…..Chao El jibarito del llano.
Not a day goes by that I don’t think about papi. I miss him so, so ,so much.
He aquí otro salinense que aun lejos de su pueblo lo amó entrañablemente, vivió en su mente distante los días aquellos en que discurría por las calles y barrios. Añoranzas que revivía a diario por mas distante que se encontrara de su Salinas amado. Nunca en su peregrinar pudo romper ese cordón umbilical que lo mantenía atado a sus amigos, hermanos, familiares y en especial a sus costumbres. Walton, entrañable amigo, has partido a otra dimensión llevándote contigo una mochila llena de sabiduría, sencillez, humildad y sobre todo el amor y respeto de los que compartimos junto a TI tantos gratos recuerdos vividos. Hasta luego mi hermano.
La noticia de la partida de mi inolvidable Walton Serrano Vega, que así completo le llamé siempre, me ha dejado en el alma un sentido de desolación que se explica por la entrañable amistad que desarrollamos a través de muchos años.
Conocí a Walton por primera vez como un cliente que fue a solicitar mis servicios en un caso de naturaleza criminal, en que por circunstancias del destino o de la vida se vio envuelto.
El caso se extendió por algún tiempo y provocó grandes preocupaciones y consabidas tensiones. En busca de alivio, se convirtió en perpetuo mañanero visitante de mi bufete para hablar del caso y subsiguientemente, de todo el acontecer pueblerino.
Así se inició la amistad que luego nos llevó a gloriosos encuentros en la Ciudad de New York y desde luego en muchísimas partes de PR.
Siempre fue el mismo: sincero y llano, soñador de mil proyectos, instilador de las más descabelladas ideas, rayanas todas en una locura que para mí, fue fuente del más fino humor.
Amó a su Pueblo de Salinas de la forma más entrañable. Lamento encontrarme en Santo Domingo y verme así impedido de asistir a su sepelio para cantarle y recitarle lo peticionado en su presagio.
Walton Serrano Vega, te adelantaste. Dios Todopoderoso te cubra en ese misterio con su gloria eterna.
Recuerdos de tu amigo Dante.
Hay personas que pueden descubrirse en sus escritos, sin decir nunca así soy yo. Tuve una impresión muy bonita de su persona, a través de este escrito,que al no contarme entre sus amigos, hoy hubiese querido serlo. Es el orgullo de un ser, que desbordado en olores y en sabores, nos invita a saborear a nuestro Pueblo. Que nos lleva en un viaje por nuestro País, diciéndonos que dondequiera que esté, ahí estará Salinas. Y hasta en su partida, llevarse consigo el emblema que lo identifique. Nunca será tarde para darte a conocer, tal vez ahora, sumes más amigos. Hasta luego.
Maribel
Sentido pesame a toda la familia Alomar. Un buen amigo y hermano salinense, de parte de la familia Ferrer. Nunca olvidaremos tu sonrisa. La tristeza llega hasta Iraq.
Walton era muy particular en sus cosas. Aprendió a ver la vida desde la óptica de peregrino, del viajero que carga todo en una maleta y no echa raíces en ninguna parte para no vivir angustiado por lo que dejó. Amaba a Salinas con un amor cambiante, dinámico. Un amor transformable en su visión de lo hermoso y lo funcional. No fue un iluso buceador de sueños irrealizables. No fue un idealista suicida ni un romántico empedernido. Salinas era, para él, y así lo deja entrever en lo poco que hemos leído de su savia inspiradora, un oasis donde se viene a beber de sus aguas y a disfrutar de sus muchos manjares. Un lugar para degustar de lo bueno y recargar energías creadoras. Pero nunca un objeto de museo. Inalcanzable e inalterable.
Estático. Unidimensional. Un eterno ayer donde se detiene el tiempo y se congelan los sueños. Ese no era Walton. Walton era visión de futuro. Una inmensa pradera de posibilidades y en su eterno viajar por el mundo reconoció que allá afuera habían cosas más bellas que acá. Que el mundo, por ser “ancho y ajeno”, era, de igual manera, libre y soberano. Que, como el miedo, el amor era libre de amar a quien conquistara su corazón, y aunque le dio su amor al mundo, de ahí su espíritu viajero, su corazón tenía dueño. Alguien, mucho antes de haber él abierto sus ojos a las bellezas universales, ya lo había cautivado: Salinas.
Era, igual, travieso y listo, astuto y sabía salirse con la suya nuestro amigo Walton. Pero olvidó algo que no debió olvidar: a nosotros.
El quiso irse, escabullirse, como el niño que hace una maldad y se esconde en la creencia de que no será descubierto. Pero no te vamos a dejar ir calladito y sin fanfarria, amigo Walton. Esta vez no te vamos a complacer. Te vamos a hacer un fiestón y te vamos a dar el regalo de tu vida. Vamos a eternízate persécula seculórum. So let it be written. So let it be done. Si Dios quiere, porque nosotros queremos.
Ahí te la dejo Walton, para que la próxima vez cuentes con nuestra astucia.
Josué
Ese “hasta Luego” de Walton me ha dejado sin palabras. Sencillo, humilde, refrescante, extraordinario. Salinense y Boricua de pura cepa.
Buen amigo, mejor hermano y padre.
Como los buenos corredores de 100 y 200 metros lisos, Walton nació para correr la vida a velocidad supersónica, y así mismo fue en su juventud. A veces iba a buscarme a Talas Viejas y cuando terminaba yo de asicalarme para irnos a sabe Dios qué rincón del pueblo a tirarle piropos a las nenas o a jorobar la pita, ya Walton había puesto pie en polvorosa.
Era ansioso, apurao, su mente galopaba cerrera en un pueblo que caminaba a destiempo.
A veces nos íbamos Reinaldo Ortiz, él y yo al billar de Ofi en la calle Palmer, a la entrada de El Pueblito, ellos a recibir regaños de Ofi y yo velar a Karen Valdéz, que vivías en frente y me volvía loco y ella nacarile.
“Olvida esa mujer, que no te conviene”, me decía en son de relajo y Reinaldo soltaba una de las suyas que a Ofi le daba la excusa de mandarlos pal carajo.
Walton casi nunca se enfogonaba, pero cuando lo hacía era temerario porque perdía la chaveta y se las jugaba fría. Pero como eso casi nunca pasaba, la mayor parte de las veces era una delicia janguear con él.
Nunca le oí una mala palabra ni gastarle una malacrianza a nadie. Con las nenas era peposo el condenao y como amigo insuperable.
Sin duda habremos de extrañarle mucho, mucho, mucho y es hasta posible que él allá nos extrañe a nosotros.
Un abrazo hermano.
Josué