a mi abuela Bienvenida “Venida” Rivera
A retozar yo me fui
Tempranito en la mañana,
Al sonido de la diana,
El callejón emprendí.
Recuerdo que, por allí,
A veces, me sorprendía
La garata que nacía
En mi cerebro infantil
Y era, entonces, un sufrir
El miedo que me invadía.
La guajana se movía
Cual anguilas en estanque
Y en mi interior, como un tanque
De guerra, sonido hacía.
La sombra me perseguía
Con ganas de rebasarme
Y empezaba el miedo a darme
Tantas ganas de gritar
Que me puse a tatarear
Un tonito, pa animarme.
Cantando me acompañaba
El viento con su canción,
Cambiando la entonación
A lo que yo tarareaba.
Un guaraguao que miraba
Desde el árbol de bellotas
Empezó a entonar sus notas
Y yo me puse a pensar:
¿Será que aquel animal
también el miedo alborota?
Busqué, pero no encontré
En el camino un peñón.
Que cosa, en el callejón
Ni una lajita se ve.
Pero bien que lo espanté
Con el grito aquel que di
Y recuerdo que lo vi,
Asustao coger el monte,
Y en el lejano horizonte
Poco a poco lo perdí.
La luna estaba apagada,
Todo, de pronto, clareó,
Y el miedo se disipó
Cambiándome la mirada.
Atrás dejé la cañada
Y el misterio en el camino
También dejé el matutino
Sereno perseguidor
Que me causaba terror
Cuando era niño anodino.
© Josué Santiago de la Cruz
Este poema me hace recordar mis noches sin luna mientras caminaba desde Las Marias a mi casa que estaba localizada después de Caño Verde, a la derecha del río. Muy aterrador, tanto el poema como mi regreso a casa bajo un cielo negro, negro, negro…