Hace algunos días se comunicó la triste noticia del fallecimiento del doctor Neftalí J. Rodríguez Amadeo. La partida del plano terrenal de un preciado ciudadano es una oportunidad para repasar raíces y vivencia. Motivo para volver la mirada para centrarnos en un acontecimiento, personaje, familia o fenómeno social marcado por el acontecer cotidiano de una comunidad.

Neftalí J. Rodríguez Amadeo nació en 1939 en el seno de una típica familia borincana salpicada con todos los rasgos étnicos que conforman la nación puertorriqueña. Fueron sus padres Miguelina Amadeo Buden y Áureo Rodríguez Colón.  Miguelina, nacida en Salinas, era hija de Dionisio Amadeo Porrata y Eladia Buden Rivera, ambos de Salinas. El padre de Eladia, José Concepción Buden, era de Coamo y su madre Candelaria Rivera Sécola de Cayey. En cambio, los padres de Dionisio, Cándido Amadeo y Alejandrina Porrata, eran de Salinas.

Áureo Rodríguez, el padre de Neftalí era de Juana Díaz y vino a Salinas a trabajar con la Central. Se casó con Miguelina a los 34 años en junio de 1934. Eran sus padres Agapito Rodríguez Cruz y Escolástica Colón y Colón. Áureo, era electricista y vivió en la calle Abraham Peña como jefe de una numerosa familia que incluía además de sus dos hijos con Miguelina, Milagros y Neftalí a su suegra y varios familiares entre la que estaba la recordada consejera de la escuela superior Luis Muñoz Rivera, Ms. Iris Rodríguez.

Neftalí J. Rodríguez Amadeo, fue un chico de barriada. Se crio en la Barriada Nueva, la segunda barriada obrera levantada en Salinas en la década de 1930, cuando los obrero de la FLT dominaban la política en el municipio.  Sus contemporáneos lo conocían como Tati. Estudió siempre en las escuela públicas y se graduó de la primera escuela Superior de Salinas en 1957. A la Clase de 1957 de la Escuela Luis Muñoz Rivera pertenecieron además de Tati, Roberto Quiñones, Zaida Ivette Ortiz, Fernando Rodríguez, Fernando Melero, Asunción Meléndez, Vilma Otero, Elías Vázquez, Hayde González, Julio Lleras, Tata Valero, Wilfredo Belpre, Luis Santiago, entre otros.

Fue parte del primer bonche de estudiantes universitarios provenientes de las clases populares de Salinas que se beneficiaron de la política pública que democratizó el acceso a la Universidad de Puerto Rico. Decenas de jóvenes universitarios salinenses becados llegaron a los hospedajes de la urbanización Santa Rita y al barrio Amparo a nutrirse de la vida universitaria y de la vida social de la bulliciosa ciudad de Río Piedras.

Integrados a los ambientes intra y extramurales los estudiantes salinenses de entonces, además de sus tareas académicas, pertenecieron a entidades estudiantiles, equipos deportivos y grupos artísticos y musicales.  En la banda de la UPI que dirigía Rafael Alers, por ejemplo, tocaron los estudiantes salinenses Tati Rodríguez, clarinetista, Harry Colón, trompetista, Rigoberto Rivera y Dante Rodríguez percusionistas. De la UPI vinieron a impactar el ambiente juvenil salinense y a organizar sororidades y fraternidades.  Dieciséis de ellos fundaron la Fraternidad Eta Épsilon Sigma, entre los que estaba Neftalí Rodríguez. También comenzaron a emparejarse, formar familias y a integrarse al mundo laboral.  Tati se casó en primeras nupcias con Nydia Santiago y posteriormente con Ivonne Candelario, con las cuales procreo cinco hijos, dos varones y tres hembras.

Al finalizar el bachillerato algunos de ellos continuaron estudios de posgrados, y otros tuvieron que comenzar a trabajar posponiendo sus estudios posteriores. Finalizado el bachillerato Neftalí optó por solicitar estudios en la Escuela de Medicina Tropical donde se graduó de médico.  Una vez aceptado en la práctica de la profesión médica regreso a Salinas a prestar servicios médicos. Luego se especializó en cardiología y brindó servicios como cardiólogo a los pueblos de la región desde su consultorio en Guayama.

Ciertamente las generaciones de salinense del siglo 20 y la Escuela Superior de Salinas hacen honor a nuestro pueblo.  Fue el siglo de los hijos del cañaveral batallando contra carencias y tejiendo redes de superación. La cantera de hombre y mujeres que pusieron sus talentos al servicio  del país desde diversos quehaceres y luchas.  Fueron el caudal de voces obreras contra la subordinación.

Ellos lograron instaurar una sociedad que priorizó a la educación como el vehículo para derrotar la desigualdad e instaurar el orden de la justicia.  De eso se beneficiaron los chicos de barriada, caseríos y parcelas.  Esos principio e ideales forjaron el bonche de estudiantes que como el doctor Tati Rodriguez crecieron intelectual y profesionalmente para dejar un legado que las nuevas generaciones deben apreciar y defender.

©© Serrgio A. Rodríguez Sosa