Joshua tenía 5 años. Era un chico muy despierto para su edad. Ya asistía a un preescolar como a cuatro cuadras de su casa. Sus padres trabajaban en la industria farmacéutica y en una cooperativa bancaria. Ambos padres tenían turnos de trabajo que se les hacía imposible recoger a Joshua a la hora de salida de la escuelita. Contaban con los servicios de Wileyshka, una joven universitaria que asistía a clases nocturnas. Parte de sus responsabilidades como cuidadora era ir a recoger a Joshua a la escuela a la hora de salida, acompañarlo a la casa para que llegara seguro, prepararle su merienda, ayudarlo en las tareas escolares y acompañarlo hasta que sus padres llegaran alrededor de las 6 de la tarde. De ahí salía Wileyshka directo a tomar sus clases en una universidad cercana.

Como Joshua era tan inquieto y despierto, muy adelantado para su edad (hablaba como adulto), para entretenerlo, Wileyshka le permitía estar la mayor parte del tiempo jugando con su Tablet en línea. Le mostraba cómo buscar información utilizando el micrófono de la aplicación del buscador para sus tareas escolares.

De la misma manera le enseñó mediante una aplicación de mapas cómo llegar a su casa. Todas las tardes Joshua salía de su escuelita con la Tablet encendida en la aplicación de mapa (una distinta entre las tres que Wileyshka le enseñó) para junto a su cuidadora seguir las instrucciones y llegar a casa seguros. Él se divertía mucho descifrando los símbolos y escuchando la voz de la chica que hablaba por su Tablet. ¡Hasta Nombre le habían puesto! Era Alba, así le llamaban, y era su amiga, ¡claro! ¡Lo acompañaba y reían juntos! Así iban todo el camino divirtiéndose: Joshua, su cuidadora Wileyshka y su amiga virtual Alba.

Un día de sol maravilloso, pero de fuerte calor, Wileyshka estaba muy ocupada con una lectura para su clase de Pedagogía III. Estaban en la terraza y Joshua, acostumbrado a la atención total de su cuidadora, decide dejarla tranquila con su tarea universitaria e irse a aventurar por el vecindario.

Él sabía la importancia de prepararse, de educarse para un futuro mejor, por eso no quiso molestarla. Ella siempre estaba disponible para él, ya era tiempo de demostrar que él podía manejarse solo.

—¡Ya casi cumplo 6! — pensó.

Sin que su cuidadora lo advirtiera, tomo su mochila y partió silenciosamente.

Primero camino por la acera hasta llegar a la esquina, entonces doblo a la izquierda, pero en la acera de al frente había un perro hermoso con el que quiso jugar.  Pasó un camión de helados y compró un mantecado con un dinerito que tenía en su mochila. El vendedor pensó que era el niño de la casa contigua, por eso lo ayudó a contabilizar el dinero del pago. Embarrado en mantecado derretido Joshua continuó calle abajo hasta llegar a un parque que cogía de una calle a otra, inmenso para él, pero se veía muy divertido. Cruzó el parque completo utilizando todos los equipos de diversión: columpio, tobogán, montes de arena, sube y bajas o balancines, estructuras de distintos tamaños para subir o hacer rapel, jardines… etc.

Ya cansado, decidió regresar a su casa. Solo que no recordaba si debía dirigirse a la derecha o a la izquierda, las calles y las fachadas de las casas ¡parecían iguales!

Joshua, un poco asustado, recordó cómo, entre juegos, su niñera y él regresaban a la casa utilizando la aplicación del localizador de su Tablet.

— A ver… le doy al micrófono dibujado aquí y digo: Urbanización Vista al Mar, calle Caspio número C 24. ¡Ya! Ahora sigo por aquí, ¡que fácil! Solo sigo la flecha y escucho las instrucciones.

La aplicación de mapas que le había enseñado.

¡Wileyshka le había mostrado cómo regresar a su casa! decidió usar su Tablet y abrir Con la ayuda de Alba, su amiga virtual, comenzó a seguir las instrucciones para regresar a casa. Mientras tanto, Wileyshka se dio cuenta de la ausencia de Joshua y, preocupada, comenzó a buscarlo por el vecindario.

Después de unos minutos de seguir las indicaciones de Alba, Joshua logró encontrar el camino de regreso. Justo cuando estaba a punto de llegar a su casa, Wileyshka lo vio y corrió hacia él, aliviada y feliz de verlo sano y salvo.

Cuando los padres de Joshua llegaron a casa, Wileyshka les explicó lo sucedido y cómo la inteligencia artificial, bien utilizada, había permitido que Joshua llegara sano y salvo. Los padres de Joshua, agradecidos y emocionados abrazaron a su hijo y a Wileyshka, reconociendo la importancia de la tecnología y la responsabilidad de su cuidadora.

Desde ese día, Joshua continuó aprendiendo y explorando con la ayuda de Alba y bajo la atenta mirada de Wileyshka, sabiendo que siempre estaría seguro y acompañado.

©Marinín Torregrosa Sánchez