Mensaje leído por Roberto Quiñones Rivera en la sesión especial de la Legislatura Municipal de Salinas el 6 de marzo de 2025 en Conmemoración del Cincuentenario de la Adopción de los Emblemas Municipales de Salinas.

Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha creado símbolos que trascienden generaciones: estandartes ondeando al viento en los campos de batalla, escudos grabados con historias de linajes, banderas que representan la esencia de pueblos enteros y canciones que resuenan como ecos de identidad.

Los escudos, primero forjados como armas defensivas, fueron más tarde emblemas de guerreros ilustres, de sus descendientes y, con el paso del tiempo, de familias, provincias y naciones. Las banderas, nacidas de los antiguos estandartes de guerra, dejaron atrás los campos de batalla para convertirse en estandartes de unidad, de orgullo y de pertenencia.

Así, también Salinas vio nacer sus propios símbolos, reflejo de su historia y espíritu. La bandera y el escudo de la ciudad no surgieron por casualidad, sino del esfuerzo y la voluntad de quienes soñaban con dotarla de una identidad propia. Fue Sergio A. Rodríguez Sosa quien, con la aprobación de la Junta de Directores del Centro Cultural de Salinas y el asesoramiento del heraldista Roberto Biascoechea Lota, dio forma a estos emblemas.

Curiosamente, don Roberto tenía un lazo inesperado con la tierra que ayudó a representar: era hijo de María M. Lota Figarella, una salinense descendiente de una pareja de franceses que, atraídos por esta tierra de sal y mar, se establecieron en el pueblo en la segunda mitad del siglo XIX. Su padre José María Lota fungia como agente consular de Francia, estando en Salinas la sede de ese consulado.

La historia de estos símbolos comenzó en 1973, cuando un grupo de jóvenes inquietos decidió rescatar al Centro Cultural de Salinas del letargo en el que había caído tras la renuncia de su presidente. Fue así como, en enero de 1974, convocaron una asamblea y eligieron una nueva directiva, integrada por Sergio A. Rodríguez Sosa, Edgardo Lebrón Tirado, Iván Méndez Bonilla, José Santiago Alvarado, Rudy Rodríguez, José Aníbal Soto, José M. Quiñones, Walter Serrano y Josué Santiago de la Cruz. A su lado, otros nombres dejaron huella en este proceso: Vicenta Colón, Esther Irizarry, Myrna Otero, Madeline Martel, Esther Rivera Marrero, Danilo Cruz y Ramón Ramos, entre otros.

De aquella reunión nació un propósito claro: Salinas debía tener sus propios emblemas municipales y un museo que custodiara su historia. Con dedicación y persistencia, lograron ambos objetivos.

Tras numerosas reuniones y debates apasionados, Roberto Biascoechea Lota transformó en bocetos las ideas y aspiraciones del presidente del Centro Cultural de Salinas. Fue así como el escudo y la bandera adquirieron forma, cargados de simbolismo y significado.

El 6 de marzo de 1974, en el local del Club de Leones de Salinas, el pueblo se reunió en asamblea para conocer y aprobar los símbolos que los representarían. Días después, el 29 de marzo, el Instituto de Cultura Puertorriqueña presentó al municipio el Informe ICP #41, elaborado por Biascoechea Lota, en el que se describían con detalle los emblemas diseñados. En esa misma asamblea, se propuso la adopción del himno municipal, Marcha a Salinas, una composición del maestro Antonio Ferrer Atilano.

Lo que ocurrió en aquellos días fue un verdadero encuentro de voluntades. El proceso no fue solo el esfuerzo de unos pocos, sino un junte cívico en el que coincidieron ciudadanos, líderes comunitarios, autoridades municipales y organizaciones de todo el pueblo.

El 26 de junio de 1974, la Asamblea Municipal de Salinas aprobó la Ordenanza #78, que oficializaba el escudo, la bandera, el himno y el sello del municipio, un paso que fue ratificado por el alcalde Társilo Godreau Ramos el 2 de julio de ese mismo año. Sustituida por la Ordenanza #3 del 12 de julio de 2007 para incluir el informe del Instituto de Cultura Puertorriqueña que describe los emblemas y el himno adoptados.

Finalmente, el 20 de julio de 1974, frente a la alcaldía, la historia de Salinas se vistió de gala. En un acto solemne, los nuevos símbolos fueron adoptados oficialmente, marcando un antes y un después en la identidad del municipio.

Han pasado cincuenta años desde aquel día, y aquellos emblemas siguen ondeando con orgullo en cada rincón de Salinas, recordándonos quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Nos representan con dignidad dentro y fuera de Puerto Rico, portadores de nuestra esencia y nuestra historia.

Hoy, más que nunca, llevamos con orgullo estos símbolos en el corazón, con la mirada puesta en el futuro.

¡Vamos con esperanza y orgullo, camino al bicentenario de la fundación de Salinas!