El verano es la época en que los niños se agrupan para jugar y darle rienda suelta a sus inventos. Los niños de la calle Santo Domingo en la urbanización Las Antillas no son la excepción. Sobre todo Daniel, Ricardo, Roger, Félix Iván, Cuquito, Frankie, Ananise y Glaritsy.

Un día decidieron convertirse en exploradores y realizar un safari a la selva, el abandonado pastizal que existe entre Las Antillas y la Avenida Pedro Albizu Campos.

Equipados con palos de escobas como lanzas, pañuelos amarados a la cabeza al estilo Rambo, Gallinadepalo1agua y pan con mantequilla, emprendieron el viaje. Todo transcurría con normalidad hasta que tuvieron un encuentro con un  horrendo lagarto verde y corrieron como guineas.

Al llegar a la civilización  y recuperar el aliento, se agruparon de nuevo y reclutaron a mi perra pitbull de nombre Leona para que los acompañara de nuevo a la selva y así rescatar el orgullo perdido. Leona estaba entrenada para cuidarlos y protegerlos.

Comenzaron nuevamente la travesía, valerosos y confiados en la protección del nuevo aliado. Todo transcurría bien hasta que se enfrentaron nuevamente con el lagarto. Resueltos a sacar del camino al repugnante reptil le azuzaron a la fiera Leona.  La perra al ver el verde lagarto, puso pie en polvorosa. A toda carrera entró a la casa, no sin antes desgarrar el screen de la puerta, para jadeando irse a esconder debajo de una cama.

Luego de este incidente el grupo quería cambiarle el nombre de  “Leona” a “Traicionera”.

Me he quedado con la duda si el entrenado can corrió para avisarnos, o si simplemente, se escondió por vergüenza.

© Félix Ortiz Vizcarrondo