Fue a mediados de los años 20 que don Justo arribó a California. Era un jovencito, entonces, en ruta hacia Hawai, contratado por una compañía agrícola.

   Nunca llegó a su destino porque se dedicó a la cinematografía. cintas peliculas
Eso decía él.

    Nadie le creyó, aunque no faltó quien jurara, por su madre y todos los santos, que le vio en el Luri, metiéndole al difícil, con un individuo que era la viva imagen de Adolfo Hitler.
 
© Josué Santiago de la Cruz
10/19/09 

 

* Don Justo era un personaje real, muy pintoresco y de fácil hablar. Era un gran conversador, con muchos recursos para enhebrar historias fascinantes, increíbles todas, que él hacía parecer creíbles. Vivía en Talas Viejas, a la entrada del Garaje Municipal. Era de baja estatura, delgadito, guardaba cierto parecido a Chaplin, sin el bigote, y tenía una cabellera plomiza, muy fina. Sin duda, en sus años de mocedad, tuvo que haber sido uno de esos galanes de barrio tumba mamis. Lo ayudaba mucho la labia.

Yo le conocí viejo pero en pleno uso de sus facultades mentales. Resultaba muy grato escucharlo contar lo que, para todos nosotros, eran garrafales mentiras. A mí, que las historias me atrapaban, como la miel a las moscas, me encantaba escucharle contar sus aventuras.

El fue el primer habitante de Talas Viejas en cruzar el charco, lo que le otorgaba un cierto aire de respetabilidad. Todos lo teníamos como un conocedor de mundo. Una gran autoridad, aparte de soberano embustero, de las cosas que para nosotros eran nada más que referencias de un mundo por conocer.

La historia que ordeno en el microrrelato ofrecido arriba, recoge la esencia de un hombre legendario en Talas Viejas. Tan es así, que hoy Talas Viejas es parte de un pasado que se hace presente en esta historia que nadie ha podido ni confirmar ni desmentir.