La tarde me ha tomado el pulso,
un latido cansino me adormece
las sienes y los pechos,
reclamo un verde para mi piel,
reclamo un verde
al duende de los parques;
ansío un glauco para esperar20071027000040-hoja-01
con certidumbre novel
mágicos amaneceres.
Me miro los ríos de la sangre,
cansados de dar vueltas,
por mis rutas secretas,

mareados de circuitos yermos
y de esclavas urgencias de atardeceres.
Me doy vuelta los ojos hacia el sueño,
ladeo el rostro hacia los vientos,
me someto las manos en un cálido rezo,
me apuntalo la lengua,
llamándote…
Un fragante deseo desquiciado
me nace en la ventura del vientre.
Y yo sigo así aferrada al verde,
convirtiéndome en hoja voladora
para que el aire me lleve