Eva era una mujer de esas que en su madurez alcanza su mayor encanto. De maneras suaves y vida simple. Trabajaba en una tienda por departamentos en el área de servicio al cliente. Su puesto lo ganó con mucho sacrificio, comenzó como trabajadora de piso. Su disponibilidad y tesón pronto la llevaron a escalar una mejor posición.
Vivía modestamente, tenía lo que necesitaba, un techo, comida y un automóvil económico. Su casa, el auto y los muebles eran de ella y del Banco. Para comer y las utilidades alcanzaba justamente. Sin brillo ni gloria pero feliz, con esa paz que irradia en su semblante.
Aprendió joven que nadie da nada a cambio de nada y que sólo depende de la misericordia divina y de su trabajo. Cuando le preguntaban: “¿Estás sola?” Siempre respondía: “Con Dios y la Virgen”.
-Una mujer tan hermosa no debe estar sola.-
-Cuento número diez.- pensaba Eva.
-¡Diera la vida por esos ojos!-
-¡Hum! Salto del diez a doce.-
-Con una mujer como tú, estaría casado todavía-
-Ya comenzó por los cuarenta.-
-Mi mujer no me entiende, está enferma, vivimos sin intimidad hace tantos años…-
-El clásico veinticinco.-
-No me gustan las peleas…-
-¡Cuídate Eva del número ciento sesenta!-
-No he tenido suerte con las mujeres, me celan demasiado.-
-¿El doscientos treinta y dos?-
Una fragancia a sándalo la saca de sus pensamientos. Un hombre de estatura baja, ojos picaros y luminosos, piel color avellana, barba bien cuidada, atlético…guapo, frente a ella le extiende la mano.
-¡Hola Eva! ¿Me recuerdas? Nos conocimos el sábado en la noche. Tengo que decirte que de día eres más hermosa. Me impresionaste mucho, ya sé que no estás buscando pareja, pero si me dejaras conocerte mejor, siento que estas hecha para mí. Quisiera ser el dueño de tan exquisita criatura.-
Dicho esto, el galán mostró su amplia y blanca sonrisa. Su diente de oro brilló, pero el destello no la cegó. Eva escuchó tranquilamente el cuento número trescientos sesenta y cinco. Era despedida de año. Mañana alguien vendría con el número uno o tal vez el cien, no importa el orden en que se dan, el resultado es el mismo, volvemos al cuento de nunca acabar. Su piel cansada se baña con la luna y se viste de romance solitario. Sus ojos se maduran en la esperanza. Y en cada príncipe que llega Eva sólo piensa: -” ¿Cuándo se convertirá en sapo?”-
©Marinin Torregrosa Sánchez
¡Ay Marinín, de una u otra forma, todas somos las hijas de Eva! Excelente tu relato… ¡Me encantó! ¡Un abrazo!
Ustedes me hicieron la semana,gracias por sus comentarios. No siento que merezca tanto, pero si quiero seguir aprendiendo.
Escribi este cuento alentada por mi amigo sapo, lo hice desde el punto de vista de la mujer, pero hay muchos hombres en igual situacion.Con frases como “A ti te hace falta una mujer en la casa para que te cocine y los quehaceres del hogar.””Si yo fuera tu esposa me ocuparia mas de tu apariencia” Es entonces cuando nos convertimos en bruja.
Eva tal vez no este esperando al principe, quizas quiera un sapo que se muestre tal como es…eso solo ella sabra.
Yo descubri que amo a mi amigo sapo y que el acepta a esta bruja especialmente cuando sube a la escoba a buscar aventuras en los sueños y a contar las estrellas con un sapo que ella convierte en principe.
Voy a buscar el libro que me recomienda porque me gusta esto de hacer cuentos. Gracias otra vez.
Marinín, El relato que armaste es maravilloso, muy buenas observaciones de las relaciones actuales entre los hombres y las mujeres, cuánto más lo leo más me río.La desconfianza después de algún desengaño hace que la protagonista cuente hasta el infinito…
Realmente hay muchas Evas, algunas por desgracia o por suerte no saben contar jajajajaj
Un rotundo aplauso de aprobación!!!!!!!!!!
Abrazo de oso.
Gloria
Marinin lo único que digo es que este relato es una expresion de la juventud de ahora… “te quedo brutal” Te felicito….
Esta Eva se las trae. Tiene mas recursos de defenza que los que despliega a diario la Guardia Nacional en USA y los sabe emplear con una naturalidad que espanta y le augura una prolongada soltería.
Creo que disfruta la tortura, la que inflige y se autoinflige, imagino, porque es esa su naturaleza. En otras palabras, ella parece disfrutar más la espera que el arribo de ese ideal que nada mas vive y se concretiza en su eterea visión.
Marinin es, así la percibo a través de sus letras, muy similar a Eva, por cuanto este relato, bien llevado y calibrado, tiene mucho de autobiográfico.
Casi me atrevo de decir que te estas labrando, a ti te hablo Marinin, un lugar de mucha significacion en las letras salinenses. Creo que eres, hoy, nuestra mejor cuentista.
No olvides revisar. Rafy Ledée me mencionó una libro de teoría literaria (Curso de escritura creativa, de Paula Arenas). Lo compré y lo leí. Es excelente porque, de todos los que he leído tocante a este tema, es el más comprensivo, menos intimidante y más completo. Búscalo y estudialo. Tienes el talento y de seguro una vez lo leas tus textos van a sentir su impacto.