Para todos los salinenses, que desde el destierro resucitaron muchas veces

¡Sal fuera! ¡Resucita!

Abandona la sombra constelada,

remonta el túnel hechicero,

desanda las veredas cenagosas

del ignoto universo.

Pon a tu sangre en marcha nuevamente,

hacia la red errática de venas,

estancada y mohosa.

Empújate los ojos a la luz de la esfera.

Abre tu cofre milenario en coma.

Lázaro, ven, aquí hay mariposas

y revuelo de pájaros y aromas.

Abandona el hedor, lazaro1

sal del sepulcro estéril.

Ponte a plantar olivos y magnolias;

quedan aquí tareas no cumplidas.

¡No te rindas ahora!

Asoléate la carne frente a Febo,

no claudiques en obra.

¡Atrás con la mortaja!

Suelta amarras, endereza la proa,

navega por tus mares.

¡Sé valiente!

La vida se disfraza de batalla

en la que tú eres el héroe

y no hay derrota.

Lázaro, en el aire hay melodías

para que bailes con tus pies la ronda.

Hace calor.

Los ríos de la tierra

tienen su oleada pronta.

¡Sal fuera! Caliéntate con el amor veraz

de los que lloran.

Sabrás que la quejosa lluvia

en lágrima,

se ha de tornar en risa bienhechora.

Lázaro, ¡ponte en pie!

No tiembles. Yo te miro.

Tú sigue dando fruto.

¡Mi bendición te apoya!