Mujer,
eres alba, espuma, nácar,
lluvia que derrota la sequía,
fuente de besos y volcanes
o el corazón salvaje del viento
derramando un vendaval de ternura.
Por tus venas corre
la salitre de los mares,
la savia azul del universo,
el rosal abierto y palpitante de la luz
latiendo primaveras nuevas.
En tus labios hay sonrisas de sirena,
palabras que suenan a mariposas blancas
y encienden antorchas en la tiniebla de mi tristeza
y derriten el hielo de todas las distancias.
Mujer,
remolino de sol y fuego,
desbordada marea de caricias
en cuyas olas navegan mis sueños
y se despeñan todos mis silencios,
eres luna con sabor a seda,
carnaval de chispas que teje mis relámpagos,
huracán de lava que dilata mis fronteras.
¡Oh, caldera infinita del amor,
bajel rotundo de velas desplegadas,
dislocada tormenta de lascivia!
¿Hacia dónde me lleva la corriente
desatada de tu loca pirotecnia?
¿Hacia qué destino me empujan
los latidos de tu fértil fantasía?
¿Hacia qué puerto me arrastran
los vientos de tu ardiente singladura?
© Fernando Luis Pérez Poza, sept. 2001
Ilustración: Sinopsis de María Eugenia Anduaga
Muy bueno! Aplaudo tu sentir hacía mi género! Todavía hay quienes no descubrieron quiénes somos!!!!Has escrito un poema lleno de sensualidad y belleza.
Agradecida por tu “himno”.
Gloria
¡Hermoso!