
Al anunciarse el cierre de la Central Aguirre
Adiós Aguirre querida por el cierre de tu Central yo me voy a sentir mal y lloraré tu partida porque me diste mucha vida y a bastantes unionados por el dolor que la aqueja porque te vas y nos dejas tristes y desamparados. Comentan los romaneros y en toda la factoría oficina y ferrovía en los tachos azucareros con pena veo los obreros sentirse desconsolados muchos serán afectados en toda la fase fabril nos dejarás en abril tristes y desamparados. No se escuchará el silbato ni el ruido de las calderas que estremecía de veras a tu ingenio de inmediato ni se discutirá el contrato de muchos asalariados se verán perjudicados almacenes y talleres quedando hombres y mujeres tristes y desamparados No se verán los camiones que acarrean la caña casi cerca de la montaña cruzando nuestras regiones en la plaza amontonados por la falta de trabajo andan de arriba a bajo tristes y desamparados
Luis A. Reyes
Salinas Hoy, marzo de 1990.
Alguna historia oral, la vivencia misma de la gente, suele manifestarse por escrito en versos tradicionales y sencillos. En este poema quedó grabada la contradicción entre el trabajo y la explotación. Durante casi todo el siglo 20, la Aguirre Sugar Company estuvo enriqueciendo a uno inversionistas con sede en Boston a costa del trabajo, pobremente remunerado, de miles de puertorriqueños. Pero al final, se desvanece todo y el obrero, ante la incertidumbre, no tiene otros remedios que lamentarse por el abandono total. La empresa siguió camino con las arcas llenas, y atrás, sólo quedaron residuos, el bagazo hecho ruinas en un mar de llantos.