Desde tiempos pretéritos, imagen y palabra han caminado juntas por el sublime sendero del arte, sea para ilustrar, explicar o complementarse mutuamente ante la vista del espectador. Muchos escritores han tratado de interpretar el contenido oculto en diver­sas obras de arte; y viceversa: múltiples artistas han ilustrado famosas obras literarias. Estos doce Grabados del reconocido artista y profesor  universitario, Nelson Sambolín, no encajan en ninguna de las categorías anteriores; más bien constituyen un diálogo con la obra en prosa y personalidad literaria del genial escri­tor y poeta Edgar Allan Poe, como homenaje en su bicentenario.

Originalmente, estos Grabados a Poe fueron realizados en computadora para ‘ilustrar’ el libro Obra en prosa de Edgar Allan Poe traducido por Julio  Cortázar, recientemente presentado en la Feria Internacional del Libro en  Guadalajara, México. Posteriormente, con la valiosa colaboración del joven artista y maestro grabador, Omar Velázquez, los mismos fueron llevados al grabado en linóleo sobre papel hosho. Luego, Sambolín debió identificar en la obra narrativa de Poe aquellos pasajes que mejor evocan el contenido de cada grabado, para incluirlos junto a la imagen en blanco y negro, como resultan los mejores cuentos del narrador.

No es, sin embargo, su primer junte con la obra de un escritor, pues siempre ha  intimado con la poesía desde su oficio de imaginero. Anteriormente, lo hizo con la obra del poeta Edwin Reyes, Bordes para una ciudad, donde se estableció un autentico diálogo entre artista y escritor, que lo llevó a ser un interlocutor, más que ilustrador. Pero en esta ocasión, tal labor creativa ha intensificado su pasión por la literatura y su admiración por los artistas de la palabra, dada su profunda identificación y solidaridad con el trabajo de Poe.

Por eso se adentró en su dramática prosa para gozársela y sufrírsela, hasta  voltear su mirada hacia el hombre de carne y hueso, ya para él, su querido  ‘Eddie’, y luego establecer esa distancia prudente, tan necesaria para intentar desde allá abajo, desde la soledad de un pedazo de papel en blanco, una nueva mirada a la obra de Poe. O como diría el propio Nelson Sambolín: “Una mirada que se deje de cuentos y vaya como navaja nueva, al grano, es decir, a la poesía”…

Que sea, pues, la propia imagen del artista y el verbo del poeta en estas doce obras de arte, como las doce estaciones de camino al Gólgota, una invitación a compartir momentos dramáticos (y hasta felices) en la tormentosa vida de Edgar Allan Poe.

Josean Ramos/Galería Guatibiri

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