Una muchedumbre invadió La Isla de las Corrientes Marinas*. Armados con garfios y machetes afilados, jóvenes y adultos se hicieron a la mar para culminar el acto supremo de la transformación. De súbito, se agitaron las aguas. Hubo gritos aterradores y después sobrevino la calma y el desorden.
Las cámaras de televisión lo captaron todo.
—¡Allá! —gritó una voz.
Entonces los lentes siguieron la ruta de sangre trazada por las aletas y más allá, donde el ojo humano carece de jurisdicción, los delfines hacían piruetas en el agua, como suelen hacer en los acuarios.
© Josué Santiago de la Cruz
Glosario:
La Isla de las Corrientes (Marítimas): Tórshavn. La mayor de las islas danesas, ubicada en el Archipiélago Feroe. Es una, la principal, de las Islas Feroe
Josué, mi querido amigo, la estupìdez humana parece abundar en todo el planeta, no creas nunca que los seres del primer mundo, como suelen llamarse, tienen la dignidad y la adultez inteligente que esperamos desde el tercer o cuarto mundo, más bien cuanto más fama, más crueldad. No sé por cuanto tiempo la justicia del Universo, si no lo quieres llamar Dios, se quedará quieta ante la depredación del simio, que nunca deja de ser simio por más que Darwin haya afirmado lo contrario.
Cain nunca dejó de ser fratricida, por eso nos gusta la sangre y no precisamente para donarla.
Gracias por el microcuento, que es todo un cosmos en denuncia.
En el archipiélago de las Islas Feroe, en Dinamarca, un país de una gran tradición pacifista, todos los años se celebra un ritual que atenta contra la sensibilidad y el civilismo. Resulta que para conmemorar la llegada de la pubertad, toda la población (quizá no toda porque debe de haber alguien sensato entre ellos) invaden las playas infectadas de delfines y cuando éstos acuden a ellos para jugar, porque son juguetones los delfines, son agredidos con garfios, machetes y todo tipo de arma punzante y la matanza de los inofensivos seres marinos resulta ser como el agua bautismal que corona la llegada de la adultez. Algún día los delfines adoptarán nuestras posturas y tendrán, como opción, el maquiavelismo revanchista y convocarán a los tiburones para que les den un justo escarmiento a esos que se llaman klos habitantes más inteligentes del universo. Quizá nunca llegue ese día, pero la literatura toma una postura y en su microcosmos ficcional realiza esa venganza que en la realidad quizá nunca se concretice.