Cuando tomó el micrófono la muchedumbre comenzó a aplaudir.

Igual pasó en todos los mítines a los que acudió como orador principal.

En los debates televisivos o en sus apariciones radiales no paraban de vociferar consignas incendiarias.

El día de las elecciones obtuvo un triunfo sin precedentes.

Después de la contienda la gente empezó a escuchar…

©  Josué Santiago de la Cruz