Cuando tomó el micrófono la muchedumbre comenzó a aplaudir.
Igual pasó en todos los mítines a los que acudió como orador principal.
En los debates televisivos o en sus apariciones radiales no paraban de vociferar consignas incendiarias.
El día de las elecciones obtuvo un triunfo sin precedentes.
Después de la contienda la gente empezó a escuchar…
© Josué Santiago de la Cruz
No sabes, Dante, lo mucho que me he reído (y pongo ese me he adrede para darle ese énfasis al efecto que la buena risa, la incontrolable carcajada, ejerce en la vejiga) con ese comentario tan requeteverdadero y genialmente expuesto, como ya es habitual en tus ponencias.
José Luis González, que de ninguna manera se le puede catalogar como un adepto de ninguna postura en Puerto Rico que no fuera, sin apellidos ni apodos, independentista, llamaría la inclusión de consignas incendiarias, viniendo de mi, que no le camino muy rezagado en su credo político, perspectiva.
Los puertorriqueños (acá descubrí que los gringos, blancos y negros por igual, son peores que nosotros), en la generalidad de las veces, no sabemos escuchar y cuando se viene al fervor eleccionarios y estamos metíos en palos, nos comemos a George W y miramos a Bin Laden con ojos golosos.
Tan incendiarios somos que le mentamos la madre a nuestro hermano, con la misma naturalidad con que bajamos a cuanto santo pulula por las bóvedas celestiales.
No escuchamos a los políticos y es por eso que se nos cuelan individuos como el Jorgito de Castro Font mentao y el pigbull (lo escribí bien) que preside el Senado. De los otros bandos, independentistas y populares, también los hay. Después de las elecciones suelen llegar los ataques de pendejismo. O sea la pendejitis aguda que no tiene cura y es extremadamente contagiosa.
Gracias, amigo Dante, por la lectura y el comentario de Grandes Ligas.
Josué: Te felicito la pieza literaria va a ser objeto de muchas cavilaciones, arranques y reversas y de muchas meritorias reflexiones. La primera que me asaltó la mente y me sigue preocupando es aquello que llamas “consignas incendiarias” en lo que respecta, no ya al plano universal del problema, sino a lo pura y cotidianamente boricua. Aquí el sonsonete es muy meloso, muy romanticón, lleno de mariconerías exquisitas y de repeticiones Ad Nauseam de estribillos al estilo de las letanías medievales. En este caso el despertar se parece mucho a un “hangover”; caracterizado por un letargo que puede durar meses y hasta años.
Se trata de algo muy propio de pendejos, que se dan cuenta tardíamente que ese es su talante y como tales los cogieron. Más aun, se siguen comportando como tales, muy lejos de lo que se llama de verdad movilización incendiaria. Ahora se quejan y no gritan un Carajo, para ir evolucionando hacia la próxima cogida de pendejo. A menos que aparezca un nuevo maestro como Muñoz Marín que en el 40, en un mitin, como el que describes, empezó a hablar de; la luna y el sol, y esos de que hablamos empezaron a aplaudirle delirantemente y el entonces, les pregunto: ¿Por qué me aplauden, si yo no he dicho nada? Ese fue el comienzo de una gran educación para aquel pueblo enfermo, analfabeto y abusado. Aquellos aprendieron la lección y construyeron el P.R. que conocemos el grupo consciente heredero de aquella tradición. Pero el sistema imperfecto vomito lo que muy bien denominas como la “sumisión de las masas “que en palabras llanas no es otra cosa que “la sumisión de los pendejos”. Hay mucha tela, ya verás. Te felicito por esa pieza que será recordada por siempre. Saludos.
Josué, !qué desgracia! Eso que tan bien cuentas es lo que pasa en la generalidad de los casos. Después vienen las quejas, los lamentos y los si yo lo hubiera sabido.