El sato daba vueltas como un loco por la plaza del mercado. Con sus ojos lagañosos y su piel descuartizada celebraba la vida.

Su amo dejó los cartones donde habitaba, el olor a aguardiente, la presunta poesía y la dulce retórica a la mujer que amaba.

El viandero y el carnicero contaron su historia y entonaron una canción:

Amor es el pan de la vida.
Amor es la copa divina,
Amor es un algo sin nombre que obsesiona al hombre
Por una mujer.

El perro se dirigió hacia el cementerio, se recostó sobre una tumba, echó un aullido de placer y se quedó dormido.

Edwin Ferrer 2/28/2010