Cansada de los cheos y los quiques, su madre decidió llamarlo Juan de Almas. Esa noche en Caño Verde se escuchó a un cicatrizado güiro y a un cuatro sin costillas armonizar la llegada del Trovador de Las Marías.
— ¡Padre mío, si me cuidas al sietemesino le pediré que te haga una promesa de aguinaldos el día de Noche Buena!
Al cumplir los doce años, en una noche tenebrosa, Juan se perdió en el Bosque del Indio y detrás una frondosa ceiba se le apareció el Jacho suspendido en el aire y con voz amenazante le dijo:
—Si no me ayudas a buscar las cenizas del crucifijo, te quemaré la lengua para que no puedas cantar el día de la promesa.
El niño, acorralado por el fuego, comenzó a cantar décimas y el Jacho desapareció como una estrella fugaz. Desde ese día no había varón en la tierra que desafiara a Juan a improvisar aguinaldos, porque sus décimas hacían danzar a las guajanas en los cañaverales.
Una mañana, Juan se levantó tarde porque el aroma del café no lo despertó. Sintió que una hoja de acero le atravesara las entrañas. Su madre moribunda, le besó las manos rogándole que cuando llegara a viejo fuera a la Plaza Delicias y cumpliera la promesa de cantarle décimas a la Virgen de la Monserrate de doce a doce, pero que nunca grabara sus cantos, porque de lo contrario, cosas horribles iban a pasar.
A mediados de los años sesenta, una flota de americanos llegó al pueblo a realizar maniobras militares. Las fuerzas cubrieron la playa de grandes barcos grises, desembarcando tanques de guerra e intimidando a la muchedumbre.
Un día, mientras Juan cantaba su promesa a la Virgen, un soldado curioso grabó su cantar y desde entonces desaparecieron los cañaverales y la gente levita por el pueblo. Hoy día una mata de caña llora sobre su tumba y el pueblo llora y se lamenta porque no recuerda sus décimas.
©Edwin Ferrer
Ilustración: La música jíbara de José Fernández
Edwin, conocí al Juan de Almas de tu historia. Verdaderamente era un gran improvisador de versos. Muchas veces lo vi en esa faena creadora. También lo vi vender sus versos escritos. Era un gran personaje de nuestro pueblo.
Bien por ti Edwin.
Bien dice Josué, este texto lo enriquecen los simbolismos obtenido de la imaginación de nuestro pueblo volcada en leyenda en diversas circunstancias. Esos elementos obtenidos de nuestro folklore han ido conformando un carácter de la literatura pueblerina salinenses. Un perfil que la define y la señala como una literatura fundacional. Como tal, sin duda, ira pariendo frutos desde ahora hasta el futuro. Como toda literatura fundacional, esta se apega a las costumbres y los personajes presente a lo largo de devenir social. En esa línea Josué nos deja para la eternidad el personaje de Virginia la Loca, una mujer con un misterioso tormento que en el intento de comprenderlo se sumerge uno en toda la realidad humana, en su vileza y en su grandeza, y pasado el pensamiento a otra dimensión el lamento se vuelve el universo de todos.
En este texto de Edwin Ferrer, Juan de Alma, otro personaje sacado de la realidad, cobra atributos de escogido cuando su madre profetiza que toda la suerte del pueblo depende del canto que sale de su voz. Al final, sentencia: mientras el pueblo no recobre la memoria no podrá salvarse de las desgracias y vivirá en un eterno lamento.
Todos los autores salinense que han colocados sus textos en Encuentro al Sur, a pesar de las diferencias generacionales, conforman un movimiento de literatura pueblerina de indudable valía. Los versos y los relatos, creativos y vivenciales, publicados aquí por nuestros escritores tiene la grandeza universal que solo puede darse desde el micro universo que habita en cada uno de ellos. Personajes, sucesos, lugares e intimidades flotan cual vuelo de mariposas para posarse en las mentes de nuestros creadores.
¡En hora buena Salinas!, todo apunta a que podremos superar el olvido desde los maravillosos textos que nos van legando nuestro escritores.
Aplausos para todos.
Curioso e interesante tu texto, amigo Edwin. Originalisimo por demas porque creas una leyenda sobre otra y enhebras un pasado casi olvidado con un presente tristemente al que miramos casi siempre con cinismo. La denuncia social y politica, como es costumbre en tus escritos, se hace evidente desde la oracion que da comienzo al texto y persiste mas alla del punto que cuadra la obra en su contexto literario.
Via telefonica te comento mas y te sugiero otras cosas que competen, estrictamente, al aspecto cosmetico del relato.
MUY BUENO.