El padre Jacinto le dijo al hermano Emanuel:
—Mañana te toca ser Judas. Hay que dar a otros la oportunidad de subir al Gólgota.
— Pero padrecito…
— ¡No hablemos más del asunto!
Después del Vía Crucis, cuando el sacerdote se aprestaba a cerrar las puertas del templo, porque el sacristán no aparecía por ninguna parte, sintió que se elevaba hasta las vigas. Sacudió el cuerpo, como un pez, y se mordió la lengua.
©Josué Santiago de la Cruz
Gracias amigos por sus comentarios a Leviatán. Los ángeles levitan y levitan también, ayudados por los mismos ángeles, aquellos que “sabiendo hacer lo bueno, no lo hacen”.
Gracias amigo Sergio, hace 17 minutos, hora del Este, cumplí 64 y contento.
!!!Genial!!!
Enigmático microcuento. La orden contundente de personificar al traidor biblico conduce precipitadamente por las palabras hasta dejar al lector con la mente abierta para imaginar un descenlace que el autor se niega a precisar. A propósito del mes en que el pasar del tiempo marca otro natalicio de Josué, quise celebrarlo con uno de los tantos micro relatos geniales paridos por este salinense.
Bravo, Josué, muy en tu estilo. El desenlace es como un estilete que nos deja temblando. La figura del traidor, que cada vez es más humana por desgracia, pasa aquí como un suspiro, pero consigues que duela su paso.