El amor no tiene tiempo, y las promesas tampoco. Por eso Penélope sigue sentada, esperando, a la puerta de la casa. Su palidez se confunde con el blanco de la silla, que al ojo distraído parecería vacía. El sol cae de costado y resalta su blancura. Una maceta con geranios rojos apoyada sobre un tronco y una maleta marrón de cuero natural la acompañan en la espera.
Lo que ella no sabe es que al otro lado de la puerta, mirando el buzón, esperando una carta, está el amado que ella espera.
Alguien pasa silbando una canción de Serrat y, al ver la escena, piensa: así son los amores extraviados.
David Arce
Fotos de Lidia Ferdmann y Álida Núñez
Me he reído mucho con tu comentario de las Penélopes que reemplazan a sus Ulises en un tris tras.
Jajaja
David
No se como no había descubierto antes tu blog, simplemente genial, stfc
David querido: Esta Penélope despistada, esa noticia que no llega, esa canción de Serrat, que nunca olvidaremos y tu narración bien lograda me hicieron sonreir mientras te aplaudo. Las fotos precisas y adecuadas. Los amores, por desgracia, suelen extraviarse mucho. Algunas Penélopes se casan con la espera, pero otras corren el telón y reemplazan a Ulises en un tris tras.
Un beso grande.