En los fangales del río se le perdieron las piernas
por un latón que llevaba en su cabeza amarrado.
Era corona de espinas el almuadín rellenado
aroma de hiel de jueyes, mariscos desperdiciados.
Lleva su cuerpo torcido como un bejuco amarrado
por el peso de la comida que botan los afortunados.
Ganancia del cerdo era, su cuello ya entortugado,
parecidas sus arrugas
a surcos descultivados.
Se convertía en un tronco
y se dejaba
flotar,
su cuerpo para cruzar
de la pobreza el umbral.
Un cerdo blanco se arrima
como un perro anonadado,
come el manjar de su
muerte
de chicharrones tostados.
A la negra no le importa
tiene que buscarse el pan
y mantener su negrito
lombriciento del
arrabal.
Ya cerca de navidad
encontró su cerdo
ahogado,
se entierra Petra de nuevo
con su latón estibado.
Esperanzas de cáscaras
son de un sopón
achiotado
Flotando en el río Niguas
sus sueños ya
destrozados.
Edwin Ferrer
Una constante en la literatura, como se refleja en la obra de Cervantes, es que la pobreza y la desdicha caminan de la mano. Los afanes del pobre van ocurriendo asechados continuamente por la calamidad. La desventura de Petra la causa la corriente del río, el que también es cómplice de sus pocas dichas. La corriente no solo la libera de lo poco, sino que también arrastra río abajo toda la adversidad que vomita su existencia en un ciclo al parecer interminable.