Efrin era un galán. De ojos azules y estatura baja, tuvo infinidad de hermosas novias. Hubo un tiempo en que las muchachas recién llegadas a la escuela terminaban rindiéndose a sus pies.
Fue un buen atleta, corredor de cien y doscientos metros lisos. Representó a Salinas con éxito en competencias atléticas a nivel escolar, regional y estatal.
No era un guapetón, pero peleaba con cualquiera. Se ganaba a los más fuertes y mayores que él.
Le gustaba cantar y se sabía todas las canciones del Trio Los Panchos. Poseía una voz fina y melodiosa. Era la primera voz de todos los tríos que se formaban en la Escuela Superior para las veladas artísticas.
Era simpático. Aunque como estudiante no sobresalía académicamente sus rasgos y talentos personales hacían que fuera admirado y querido por todos.
En la década de 1950, los jóvenes del pueblo solían patinar en la plaza de recreo, especialmente en los días de navidad. Después de salir de la escuela, y los sábados y domingos, la plaza se llenaba de patinadores de ambos sexos.
El día de Reyes, los más pudientes recibían patines como regalo. Los chicos privilegiados, tratando de alardear ante los demás, acudían a la plaza a estrenar sus nuevos juguetes, formándose una algarabía juvenil que intranquilizaba a los adultos. Los menos afortunados se contentaban con mirar a los corredores y únicamente patinaban por ratos, si alguien le prestaba el par de patines o al menos uno de ellos.
Efrín era el más veloz de los patinadores. Sabía que era el mejor corredor de patines y estaba orgulloso de ello.
En la rama femenina Sobeida Toro era la campeona. Sobeida era una morena corpulenta, de aspecto atlético que también practicaba los deportes. Su madre, María, que era empleada de los comedores escolares, sabiendo de las inquietudes deportivas de su hija, le regaló un par de patines.
Alimentada por las bromas de los amigos, surgió una enconada rivalidad entre Efrin y Sobeida sobre cuál de los dos patinaba más rápido. Efrin se enfurecía cada vez que decían que Sobeida era mejor patinadora que él.
Tanto vuelo tomo la controversia, que ambos convinieron en echar una carrera por la calle Monserrate. Los organizadores de la carrera determinaron que la salida sería en el parque de pelota Manuel González y la meta en la calle Muñoz Rivera. La distancia era de unos trescientos metros.
Se corrió la voz y fueron muchos los que asistieron al lugar de la inusual competencia para ver la carrera entre estos dos veloces patinadores.
Dieron la salida y ambos salieron como bólidos. Los que se apostaron a lo largo de la ruta aplaudían y animaban a su corredor favorito. A la altura de la Escuela Superior estaban cuerpo a cuerpo. Cuando pasaron por la casa de doña Lan y cruzaron la calle Palmer, Efrin llevaba una leve ventaja. Por la casa de misis Colón, faltando unos veinticinco metros, estaban otra vez empate y al final Sobeida cruzó la meta, vencedora por escaso margen.
Un estruendoso aplauso recibió Sobeida por su gran hazaña. Sus fanáticos la rodearon y querían alzarla en hombros, pero no pudieron. Efrin siguió de largo hasta la calle Baldorioty. Allí hizo un giro hacia la izquierda y al llegar a la calle Barbosa dobló a la derecha. Se encerró en su casa y no regreso a la plaza hasta pasados tres días.
© 16 de junio de 2009, Edelmiro J. Rodríguez Sosa
Don Juan Ramos, tuvo su comercio en la calle Baldorioty, esquina José Celso Barbosa. Era una casa de madera alargada hacia la Ciudad Perdida con un balcón de iguales dimensiones. La recuerdo siempre pintada de gris y unos aposentos altos que siempre me llamaron la atención por su belleza arquitectónica. Fue destruida por un incendio.
Allí vivía Juan Ramos con sus hijos Johnny, Gisela, Oriol, otra cuyo nombre no recuerdo pero que vive ahora en la urbanización La Monserrate y el más pequeño del los cinco: Efraín Ramos, EFRIN. Concuerdo con la apreciación sobre las luces de EFRIN, pero Edelmiro, como sugieres, su grandeza de alma hay que reconocerla como un valor que lo enaltece.
Participé con él en muchísimas actividades, y ciertamente su voz dulce y timbrada apasionó a muchísimas muchachas de aquellos tiempos. Tuve el privilegio de cantar y cantar con él haciéndole segunda voz, casi todas las canciones del Trío San Juan, del cual era un fanático sin márgenes. Particularmente se conocía todas las de Chago Alvarado, que eran las que más que le llamaban la atención. Todavía cuando nos encontramos, no empecé sus limitaciones actuales, tarareamos algo de aquellas canciones.
La carrera a que aludes, no la recuerdo, pero tiene que haber sido verdaderamente frustrante, pues como bien señalas, Efrin era un atleta natural de lo que ya no surgen en Salinas. Aunque Sobeida era como la describes, no puedo imaginar que le ganaría a mi querido amigo Efrin, que siempre fue el más veloz en todo.
Recuerdas que no había televisión y nuestros héroes surgían de las novelas del jabón Camay, de las películas americanas y de algunas mejicanas. Siempre me maravillaron las actuaciones entre la nobleza inglesa de el Lord RAFLES, dirigidas a quitarle prendas y dinero a los ricos para dárselas a los pobres. Le llamaban El Ladrón de las Manos de Seda, una especie de Robin Hood más adelantado en el tiempo. Me gustaba soñar que me movía en el carrito de los bandidos en las películas de gangster, que nos servían de modelo a la juventud de entonces. La historia de la vida de John Dilinger me ha cautivado al punto que he visto la película más de diez veces. En esta afición EFRIN y YO comulgamos muchas veces. Y lo digo en sentido genuinamente literal. Cuando nos encontramos y recordamos aquellos tan buenos tiempos solo hay espacio para la alegría y la risa que representan vidas bien vividas.
La carrera no la puede haber perdido EFRIN, yo me temo que se la robaron, y perdona mi fanatismo Edelmiro, pero es que tengo que investigar que fue lo que paso. Naturalmente te felicito por traer a mi memoria recuerdos difusos, sigue que vas bien.
Gloria, gracias por tu comentario. Eso me hace seguir tecleando y trayendo a mi memoria cosas del pasado e inventando otras.
Un saludo cordial desde el trópico caluroso en estos tiempos.
Edelmiro
Qué gusto Edelmiro!!! Te felicito no porque venció Sobeida, mujer como yo, jajajaj sino porque este galán tenía tantas cualidades que era como si hubiera acaparado todos los dones. Simpaticé con la chica, porque de alguna manera había que parar la soberbia del galancete y mientras te leía, adivinaba la trompeta frente a los patines de la muchacha, que no se rindió a los aires del carilindo.
El relato es pintoresco. También me hace pensar en algunos políticos que nunca aceptan la derota y entonces como culebras se esconden en la cueva. Muchas veces el fracaso esconde un triunfo, claro está que la inteligencia del derrotado debe alcanzar para resignificar sus dones y medir consecuencias, parece que este Efrín, no podía elaborar los hechos.
Bueno, Edelmiro, realmente bueno!!!!
Cariños.
Gloria