En medio de la predicación, la hermana Celeste se puso de pie y el ministro pidió a los feligreses comunión.
-El Señor tiene algo que comunicarnos -susurró en el micrófono.
-¡Alabado!
-¡Aleluya!
-¡Amén! -exclamó la Iglesia.
A pesar de las filípicas miradas del pastor, los menos reverentes, siguieron a la hermana que caminó, como poseída, hasta donde se encontraba el hermano Ezequiel, junto a los jerarcas del ministerio.
-Jehová tiene una gran bendición para usted, que habrá de desbordar sus arcas.
El hombre abrió los ojos y levantó la cabeza. Su rostro irradiaba gozo y satisfacción.
-¿Qué debo yo hacer? -preguntó solícito.
La mujer le susurró algo al oído.
-Dios, en voz de su profeta Celeste, habló y la Iglesia fue testigo… -dijo el ministro, en los momentos en que la mujer regresaba a su asiento.
Al cabo de ocho meses el hermano Ezequiel dejó de asistir al Templo, más no así cesaron el pastor y su cuñada en su misión enriquecedora.
© Josué Santiago de la Cruz
La literatura debe presentar un conflicto y plantar unos puntos de análisis que lleven al lector a indagar sobre la naturaleza del problema para que lleguen a sus propias conclusiones.
A quienes defienden a capa y espada esas prácticas y aquellos que las condenan. Hay quienes hacen del púlpito un sacerdocio y hay quienes lo usan como un negocio. Pero la pregunta que se hacia Paul Nizan sigue sin contestar: ¨¿Dónde se ha escondido el Hombre? Nos asfixian. Nos ahogan. Nos mutilan desde la infancia. Sólo hay monstruos¨.
¿Quién sino el lector, con la ayuda del escritor, se atreverá contestarla?
Gracias a todos por la lectura y los comentarios.
Josué
De ejemplos como estos, desgraciadamente, están llenos los ministerios. Con tu acostumbrada maestría nos relatas esta historia que nos pone a pensar.
Una anécdota como ésta, basada en la vida real, la tengo en el tintero y la publicaré oportunamente. Me la contó el propio evangelista que no se dejó timar.
Saludos Josué.
Josué de mi alma! El comercio con Dios, en su nombre, utilizando versículos para engañar a los necesitados es una villanía impúdica. Estas pseudo iglesias proliferan abiertamente en América Latina y provocan en los que alguna vez se acercaron un ateísmo rebelde que le hace mucho daño a la sociedad. Dios no miente, mienten los infieles que en vez de acercarse para adorarle, como se debiera, aceptan un Dios falso que promete prosperarnos a cambio de diezmos y ofrendas.
La verdadera espiritualidad no depende de Papas ni pastores, depende del lazo amoroso que establezcamos con el Creador. Y en todo caso el templo, es casa de oración y adoración colectiva, no un curso para hacernos ricos mientras hacemos del mundo un basural de injusticias.
Te aplaudo de pie, como dice Edwin en sus elogios!
La literatura siempre lo digo debe despertar conciencias y lo logras sobradamente.
Cariños amigo Josué!
Gloria