Es en los momentos de crisis cuando la esquina puede cambiar el panorama arriba del “ring”. Lo hemos visto en “Sugar Ray Leonard (el primer encuentro) vs Thomas Hearns, que contaba, también, con una magistral esquina, en “Marvelous” Marvin Hagler vs Hearns, en Muhammad Ali vs Joe Frazier y si seguimos no nos sobra ni para comprar un dulce.

Son esos tres personajes que se agrupan alrededor del peleador en el minuto de descanso los encargados de orientarlo con frases claras, precisas e inequívocas en el curso de los acontecimientos. No para recrearlo en lo que segundos antes aconteció. Es el equipo técnico que en ese minuto de descanso imparte instrucciones y ayuda a ganar al que durante tres minutos ejecuta sobre el ensogado lo que su esquina le ha pedido hacer. Pero si esas personas carecen del conocimiento necesario y las destrezas necesarias para transformar posibles derrotas en victorias espectaculares, para armar a su peleador con lo necesario para hacer que éste se crezca en la adversidad, entonces el resultado siempre ha de ser, a menos que un golpe de suerte por parte del peleador no cambie el curso de lo inevitable, lo que pasó anoche en Las Vegas, Nevada.
Mi madre, que sabía de boxeo lo que yo de Química Orgánica, solía decir que “El que vive de mentiras muere de desengaño”.
El salinense, compueblano mío, Joe Santiago, muchacho joven e inexperto en encuentros de alto nivel, desde temprano en los entrenamientos para este combate, se metió a la cabeza lo que manifestó en un momento de enojo durante el pesaje: “Ese enano no va a subir [la noche de la pelea] más de 148 libras.” Pero lo que en verdad quiso decir fue: “Ese enano no nos gana a nosotros.”
En el boxeo, al igual que en los conflictos bélicos, no hay enemigo pequeño y el que crea lo contrario sufrirá sobre el “ring” los efectos devastadores de su necedad. Carlos Ortiz, el legendario monarca de las 135 nacido en Ponce, una vez dijo que los campeonatos se ganan o se pierden en el gimnasio.
Es en el “Gym” donde se acondiciona el cuerpo y se desarrollan las estrategias, se ultiman todos los detalles para evitar sorpresas la noche del combate.
Eso es, a grandes rasgos, lo que se busca en el entrenamiento y un bueno equipo técnico nunca debe de minimizar la peligrosidad del adversario, aunque todos y el historial del mismo afirmen lo contrario.
A diferencia de Joe Santiago, Freddie Roach es un entrenador que conoce al máximo su oficio. Sabe mucho y lo que sabe lo sabe aplicar. En su esquina manda él y las decisiones las toma él. Cobra caro sus servicios y en su contrato hace muy claro “Whos’s the Boss”. En el equipo de Cotto manda Cotto y solo él toma las decisiones, tanto en el gimnasio, como la noche de la pelea.
Mientras Joe Santiago preparaba a Cotto para vencer (“overpower”) al enano, Freddie Roach miraba videos de las peleas de Cotto, buscando malas mañas, movimientos repetitivos, puntos débiles y manías para, sobre ellas, empotrar su estrategia. No en balde Freddie Roach tiene su nicho ya labrado en el Salón de los Inmortales del Boxeo en Canastota, NY, y Joe Santiago mucho tramo por recorrer.
Anoche Cotto subió al entarimado para el combate más importante de su vida profesional pensando que tendría ante sí a un “enano” a quien vencería con relativa facilidad porque Joe Santiago, su principal estratega, así lo creía. Pero pagó muy caro el embuste.
©Josué Santiago de la Cruz
“Un resbalón” llamó Cotto a su derrota frente a Pacquiao, y según él, piensa regresar al cuadrilátero con el mismo equipo de trabajo.
Los gringos llaman a eso “DENIAL”. Pero que es eso, ¿cómo se digiere esa cosa que en gringolandia llaman Denial?
Veamos:
“Denial is a defense mechanism postulated by Sigmund Freud, in which a person is faced with a fact that is too uncomfortable to accept and rejects it instead, insisting that it is not true despite what may be overwhelming evidence.”
Ese el Ego hablando, el orgullo y la tozudez que son, no sólo malos consejeros, sino mensajeros de desgracia.
Sobre el lomo de esa bestia llegó Cotto a Isla Verde esta mañana y no creo que esté entre sus planes inmediatos bajarse de ese espinazo para ver las flores de Otoño.
Si algo la historia del boxeo (y la vida misma) nos ha enseñado, es no restarle importancia a las derrotas, como la sufrida por Cotto el pasado sábado.
No saber leer las señales de los tiempos y en su defecto, alargar una carrera dentro de las cuerdas cuando ya no se tiene el rendimiento ni el hambre de continuar, conduce a desgracia.
Para Cotto se acabó el evento, se apagaron los reflectores, se desmanteló el “ring” y el público abandonó el estadio, aunque él se empeñe en seguir peleando.
Josué
Ciertamente, Josué, desestimar al contrincante, en toda competencia humana, puede ser devastador. Ahí están como testigo los miles de casos de derrotas inesperadas a lo largo de la historia. Los versos del cancionero lo expresan de manera sencilla: ¡La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida! Evangelista Cotto estará diciendo, “se lo dije”