Share this:
- Share on Facebook (Opens in new window) Facebook
- Share on LinkedIn (Opens in new window) LinkedIn
- Share on Tumblr (Opens in new window) Tumblr
- Print (Opens in new window) Print
- Email a link to a friend (Opens in new window) Email
- Share on WhatsApp (Opens in new window) WhatsApp
- Share on Pinterest (Opens in new window) Pinterest
- Share on Telegram (Opens in new window) Telegram
- More
¡Cuántas veces nos sentamos, Danilo, tú y yo, Sergio, en el balcón, ya deteriorado, de la casa de don Pancho Sécola, que aparece al fondo izquierdo de la foto que adorna mis versos! Los pocos balaustres que aún quedaban, atestiguando un pasado glamoroso, resistían la polilla y las nuevas tendencias arquitectónicas, menos agradables al ojo, pero más utilitarias. Salinas era, entonces, un pueblo chiquito y nosotros abrigábamos ideas tan grandes que no alcanzábamos a definir. Hoy que los tres estamos fuera de sus fronteras, a mí me separa un río y un mar de urgencias, regresamos para dejar constancia que allí estuvimos, que, en realidad, nunca salimos de allí porque, como Toñito, no importa dónde físicamente estemos, cuando se nos pregunta de dónde somos, cada uno en su tiempo y todos a tiempo, contesta: Yo soy de allí.
Un abrazo Gloria, Edwin y Edelmiro.
Querido Josué: ¡Qué no inventa un poeta para recobrar su patria aunque sea con la imaginación! Me encantó esta nostalgia en letra que hasta podría uno ponerle música.
Dios salve a Salinas, ha dado buenas personas, buenos rapsodas y cuenteros!!!!!
Un gusto leerte.
Cariños.
Gracias por alimentar de nostalgia nuestros corazones. Si no pensáramos en ese pasado tan bello no podríamos vivir el presente para contarle a nuestros hijos las maravillas de nuestro pueblo. Gracias Cacique, por estas emotivas estrofas. Edwin.
Este poema muestra la nostalgia del poeta. La foto adjunta es viejísima, nostálgica también. Saludos, Josué.