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Gloria, tu poema me recuerda el famoso tango Cambalache donde el siglo 20 fue y será y es una porquería. El 21 va por el mismo rumbo. Me parece un desahogo de un alma sensible como la tuya.
Tiene letra de tango argentino. Anímate a ponerle música. Tiene trazas de éxito.
Por último, no perdamos la esperanza. Sigamos “repartiendo panfletos clandestinos y pariendo esperanzas pululantes”.
Mi queridos Josué y Edwin: Aquí en Argentina se dice que la vida es un tango y hay que saberlo bailar.
Los obstáculos del mundo no nos deben ahogar el ansia de infinito que llevamos dentro. Mi poema es una denuncia, porque me veo vivir , nos vemos vivir y se nos parte el alma en dos.
Josué cuentas tu ralidad de emigrante, la misma que contaban mis padres, la que padece todo ser humano obligado a ganar el pan fuera de su tierra, pero has vencido y eso es lo que importa: “lo que no mata, fortalece” En ti, parece haberse cumplido.
Gracias a los dos por sus comentarios.
Abrazo rioplatense.
Nos pinta una gran imagen de las cosas que suceden hoy dia.Por mas duro que sea el camino hay un aliento de fe.Hay que dejar el mundo un poco mejor para nuestros hijos.Hay que luchar,Excelente Gloria.
Me identifico grandemente con el tema que hoy nos traes en este poema que a campanazos acariciar nuestro oído para sacudir la conciencia.
“Hay que sobrevivir, hermano”.
Nadie que no haya partido de su tierra, de su ciudad o pueblo, de su villorio, de ese entorno familiar e íntimo que nos ofrece seguridad, entenderá el contenido y la fuerta carga emocional que esos versos tuyos proyectan.
Cuando arribé a Philadelphia el 11 de septiembre del 1981, traía $35 en los bolsillos, porque ni cartera tenía, y un sabor agrio a derrota en el paladar. Pero si en ese bolsillo traía aquellos $35 que mi abuela Benida puso en mis manos, dentro de mi ser llevaba unos principios no negociables por los que estaba dispuesto a comer fango acá, como lo comí en Salinas.
Aprendí a sobrevivir bajo condiciones amenazantes y echar a un lado la nostalgia y los recuerdo para no hacer mi lucha más dolorosa de lo que era.
Está del carajo la sobrevivencia. Hay que hilar, coño, más fino que el hilo 80, porque la realidad no se adapta a uno, sino todo lo contrario.
Entonces los valores que traes para que te protejan, para mantenerte limpio y libre de contaminación, comienzan a joderte la vida, como aquella voz que al oído le susurraba a Pablo: Pídele que te libere del aguijón. A sabiendas que sin aquello Pablo volvería a ser Saulo de Tarzo.
Nada, amiga Gloria, que ese poema tuyo, tan magistralmente escrito y pensado, me llevó a aquellos momentos tan oscuros de mi vida, de donde salí con muchas cicatrices pero con mi maleta de principios tal y como la traje de Salinas, entonces. Es por eso que hoy, me atrevo a decir como el Apóstol, aunque me llamen lo que me llamen, que ya ni me importa: “He librado la buena batalla y he conservado la fe”.
GRACIAS por compartir.