Andaba una jueyita con la pieza de un rompecabezas en una de sus bocas. Venia cargando con ella por mucho tiempo. La guardaba en su cueva, otras veces la llevaba hasta el mar. En ocasiones, cansada, la dejaba sobre la arena  pensando que alguien la encontraría.

-Hay un rompecabezas incompleto por ahí. Deben estar buscándola, la pieza perfecta, la que encaja justo en  el lugar.  No hay otra igual que la sustituya. Sólo esta tiene la forma que el rompecabezas necesita. Tal vez fabriquen otra parecida, pero nunca hay dos piezas iguales, el tamaño, los colores, el brillo…Puede ser más hermosa pero dependerá el material, también la forma. ¿Tendrá que ver la química en esto?

Con esos pensamientos caminaba de un lado a otro, con su carapacho duro, preñada de corales, en una boca la pieza y la otra a la defensiva siempre.

©Marinín Torregrosa Sánchez