Evelina
a la memoria de
Evelina López de Antonetti

Te fuiste, sin irte.
Mutaste tu existencia
en cenizas flotantes.
Aprisionaste tu alma
entre el cielo y el mar,
recostando tu espíritu
en las aguas tranquilas
que en aldea playera
besaron de niña
tu piel virginal.

Te fuiste, quedándote.
Estas ahí, vigilante
posada sobre las aguas
del ir y del regreso.
Afirmando cuerpo y realidad,
cenizas migratorias que viajan
hacia El Barrio
para volver a La Playa
danzando eternidad.

Te conocí
enamorada del mar,
tejiendo chinchorros de ilusiones,
pariendo gritos de denuncia,
pescando conciencias secuestradas.
Fuiste la voz de los sin voz,
dulce salitral hambriento de justicia
viril sembradora de esperanzas.
Ya no respondes
a ninguna cronología.
Estás en el espacio de lo eterno,
columpiándote sobre las olas del mar.

(c) 2001 Sergio A. Rodríguez Sosa