Cuando Coco estaba en sus años post “teenagers”, era el vivaracho director del coro de muchachas más grande, de la Parranda más vistosa de Salinas. La componía un coro de 18 voces celestiales femeninas. Entre ellas las Martell, las tres hijas de Mariano López, de la Carmen las Roldán y las Martínez, también Libertad, Judith, Millie, y un montón más. Un par de muy buenos y reconocidos guitarristas de la Playa, un güirero y Jumbo en las congas. Y ésta se hacía más grande cada año.

Aunque yo hacía mis pinitos en el acordeón, todos los años tenía un compromiso para acompañarlos.

Coco y las coristas se volvieron adictos al acordeón y no dejaban noche navideña sin formar un parrandón. A Coco en especial, le fascinaba esa peculiar sonoridad del acordeón. Visitábamos muchas casas, hasta el amanecer.

Coco padecía de algo típico en él, franqueza extrema. Le decía al pan, pan y al vino, vino. Recuerdo… su usual rigor expresivo… cuando notaba que alguien no cantaba ni tocaba en las trullas le despepitaba una sonora orden, “el que venga a comer y beber se puede ir, que aquí venimos a cantar”. Así les decía.

La verdad es que a mí… como músico… me animaba el control que Coco ejercía sobre el grupo imponiendo orden. También me gustaba lo entonaditas… que las muchachas cantaban y lo organizado en la selección del variado repertorio navideño y las casas a visitar. Porque eso sí… Coco no permitía graves disonancias.

Coco también tenía una capacidad increíble para improvisar. Le cambiaba la letra a las canciones navideñas… y las adaptaba a la vida cotidiana de Salinas. Recuerdo una en especial, cuya letra original decía:

Yo me tomo el ron
La cerveza fría
Porque en Bayamón
Llueve to’los días

Coco cambió toda esa canción y entre sus versos recordamos dos:

Yo me tomo el ron
La cerveza fría
Porque aquí en Salinas
Hay una sequía

Y el otro,

Maldita quebrá
Siempre está vacía
Porque aquí en Salinas
Hay una sequía

Pero la ocurrencia más recordada de Coco por el grupo… surgió, cuando le puso nombre al coro de señoritas. Le llamó LAS CORIFEAS. A principio ellas pusieron reparos, …porque todas eran bonitas. Pero al tiempo… lo tomaron como un chiste, …al estilo Coco.

Al acordeón le puso… LA SINFOTARRA. Luego todos se acostumbraron a llamar el coro de muchachas LAS CORIFEAS y al acordeón … LA SINFOTARRA. ¡Ingenioso!

En una ocasión, cuando terminamos una parranda en la Ciudad Perdida, como a las dos de la mañana, partimos hacia Canta Sapo, a casa de Evelyna y Donato Antonetty. Cuando llegamos, sigilosos, íbamos a empezar, pero no encontramos el acordeón. Coco inmediatamente dijo, “¡LA SIFORRATA se quedó en la última casa!, vamos a buscarla”.

Esta vez nos acompañó también un saxofonista importado de Caguas. La casa era grande… y tenía una sala enorme. A Coco se le ocurrió organizar allí una rueda bailarina. Todo el mundo daba vueltas… a la misma vez que bailaba, diciendo bombas a las órdenes de Coco. Las muchachas parecían las “rockets”, y Coco… se lucía como el autoritario domador de circo: “¡ahora tu!, ¡prepárate tu!”.

Esa ingeniosidad de Coco provocó tanto impacto en los anfitriones que no querían que nos fuéramos. Literalmente, bajaron carretillas de obsequios y bebidas para mantenernos en su casa.

Esa vida rosa del grupo con Coco… transcurrió por unos años más. Porque como dice el dicho: “todo tiene su principio y su final”. Y a larga… todo se acabó.

Coco fue un conductor que movía un gran carruaje lleno de alegría, que llevaba de casa en casa.

A nombre de todos aquellos músicos y cantantes, Coco… te damos las gracias por compartir tu alegría con nosotros.

Que descanses en paz, bien recordado, alborotoso… ingenioso director… y creador de LAS CORIFEAS de Salinas… y el acuñador de LA SINFOTARRA

Edgardo Lebrón Tirado

Oración fúnebre pronunciada ante el féretro del Prof. Amilcar (Coco) Rodríguez Sosa. 17 de enero de 2007.